Los presos pueden estar ‘fuera de la vista’ pero no para Dios

Por Arzobispo Gregory M. Aymond

Durante la Semana Santa, tradicionalmente, ha ido a prisiones en el área para, reunirse con los reclusos, lavarles los pies y, orar con ellos. ¿Cómo se ha convertido esto en una práctica pastoral tan importante para usted?

Con frecuencia, los presos se consideran como “ojos que no ven, corazón que no siente” para la sociedad, pero lo que siempre les digo cuando los visito es que, no están “ni fuera de la vista, ni fuera de la mente de Dios”. Del mismo modo, como los cristianos no pueden verlos a menudo (fuera de la vista) ustedes están en nuestras oraciones y pensamientos. Nosotros, como comunidad cristiana, los elevamos a Dios en oración. Es poderoso orar con los internos y, con el personal de la prisión. Este año, fui al Centro de Justicia de la Oficina del Alguacil de la Parroquia de Orleans el Jueves Santo, donde lavé los pies a los reclusos, y luego fui a la cárcel de la Oficina del Alguacil de la Parroquia de San Bernardo el Viernes Santo, donde tuvimos un servicio de oración vinculado a la Pasión y la Muerte de Jesús. También, he visitado el Centro Correccional Rayburn, en Angie, para reunirme con los prisioneros y, celebrar la Misa. Creo, que es importante cuando Jesús dijo: “Cuando estuve en la cárcel, me visitaste”, Él quiso decir eso literalmente.

¿Cómo han reaccionado los prisioneros a sus visitas?

Han sido muy devotos y respetuosos. Nuestra oración es que, todo lo que hayan hecho mal, se arrepientan y, busquen la misericordia del Señor. Esa misericordia siempre se da en abundancia. La misericordia nos lleva a una nueva forma de vida, a una conversión. Siempre oramos para que sigan los caminos del Señor, mientras viven su tiempo en prisión. Uno de los desafíos difíciles que enfrenta el sistema penal actual es que, no se ofrece tanta rehabilitación como podría haber y, debería haber. Creemos que este tiempo debe usarse para programas de rehabilitación de calidad y justicia restaurativa. Estoy muy agradecido de que, nuestras Caridades Católicas, tengan maravillosos programas que, cambian vidas tanto para, los presos, como para las familias de los presos. “Cornerstone Builders”, ayuda a las familias y, las mantiene conectadas con sus seres queridos que están encarcelados, y nuestro programa “Re-Entry 72” ayuda a los presos que han sido liberados recientemente a encontrar un lugar para quedarse y un trabajo. Tratamos a los recién salidos, con cuidado y respeto. Ciertamente, nunca justificamos las actividades delictivas y, nunca justificamos acciones que no respetan a otros. Al mismo tiempo, creemos que el Dios que nos ama, el Dios de la misericordia, ofrece perdón y la oportunidad de un cambio de corazón. También, estoy muy impresionado de que varias de nuestras parroquias, han tomado medidas para capacitar a los feligreses individuales para, hacer el ministerio de la prisión. Tenemos un programa excelente, y eso es un crédito para Caridades Católicas y, nuestro director del ministerio de la prisión, John Messenheimer. Muchos de nuestros diáconos permanentes y varios sacerdotes, también, están involucrados en el ministerio de la prisión. Todos estos esfuerzos han resultado en alentar a los prisioneros a profundizar su relación con Cristo y, seguir los caminos del Señor.

¿Cómo fue para usted, lavar los pies de los prisioneros el Jueves Santo?

Puedo decir que, literalmente, vi el rostro de Jesús en ellos y, oré por ellos. Esto es lo que Jesús hizo en la última cena. No olvidemos que, lavó los pies de Judas, su traidor, y lavó los pies de Pedro, quien más tarde negó conocerlo. ¿No es eso profundo? Además, cuando compartimos el Vía Crucis, fue una forma de pedirles que reflexionen sobre las cruces con las que pueden haber cargado a sus víctimas, así como la cruz que es su propia sentencia de cárcel. El Señor Jesús camina con ellos en amor y, los llama a una nueva vida.

¿Se trata de mostrar misericordia?

De vez en cuando, escuchará a alguien decir acerca de las acciones de alguien: “Esa persona fue demasiado misericordiosa”. ¿Qué significa eso? Debemos ser tan misericordiosos como Jesús. Jesús dijo: “Bienaventurados los misericordiosos, porque se les mostrará misericordia” (Mateo 5: 7). Preferiría que Jesús me dijera al final de mi vida que, era misericordioso, en lugar de preguntarme por qué era tan mezquino al ofrecer perdón.

Las preguntas para el Arzobispo Aymond se pueden enviar a clarionherald@clarionherald.org.

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