Servir en el altar puede abrir los corazones a lo sagrado

Por Arzobispo Gregory M. Aymond

Aprincipios de esta semana, en la Iglesia de St. Rita en Nueva Orleáns, usted celebró la Misa y, otorgó los premios al Servidor del Altar del Año, a 79 Servidores del Altar, de Parroquias de toda la archidiócesis. ¿Podría hablar de la importancia de este reconocimiento?
Los Serra Clubs de Nueva Orleáns han patrocinado este reconocimiento de Servidores del Altar del Año, durante décadas, y para mí, siempre es una ocasión encantadora y alegre. Este año, 79 niños y niñas recibieron el premio después de haber sido seleccionados por sus Iglesias en sus respectivas parroquias. Es maravilloso ver a nuestros jóvenes y jóvenes adultos, dedicarse al ministerio de servir en la Misa. Ellos hacen de ellos mismos un gran regalo para sus parroquias individuales, escuelas y la Arquidiócesis de Nueva Orleáns en general.

¿Puede explicar más sobre los Serra Clubs?
Estos son grupos de hombres y mujeres que, se reúnen en varios capítulos, para ofrecer oraciones diarias por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, como hermanas, hermanos y sacerdotes. Los Serra Clubs, también, trabajan con nuestros seminaristas, apoyando sus vocaciones y sus estudios para el sacerdocio y la vida religiosa. Los Serra Clubs, establecieron el programa, Servidores del Altar del Año, como una forma de reconocer a los servidores por su extraordinario servicio. Ellos, les piden ayuda a los sacerdotes y otros en la comunidad parroquial, para hacer la selección. Los Serra Club organizan la Misa y un banquete, para los premios después de la Misa.

¿Qué le impresiona de los servidores del altar?
Mientras recorro la arquidiócesis para las confirmaciones y otras Misas parroquiales, quedo muy impresionado por los niños y niñas que participan en el servicio del altar. En muchas parroquias, es más común que permanezcan como servidores a través de toda la escuela secundaria y, a veces, incluso en la universidad. Es impresionante que un joven o un adulto joven, se sienta tan dedicado a la celebración de la Misa que, desea continuar con el servicio. Estoy muy contento de que nuestras escuelas secundarias, también, seleccionen y entrenen a los estudiantes, no solo como servidores del altar, sino también, como ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión y como lectores. Aprecio el trabajo de los sacerdotes, diáconos, religiosos, feligreses y maestros que, capacitan a todos nuestros servidores. Ver a la Iglesia de jóvenes y jóvenes adultos tan involucrados en la celebración de la Eucaristía, es una inspiración para mí. Esto requiere mucho sacrificio por su parte y, a veces, por parte de sus padres, quienes deben asegurarse de llegar a la Iglesia, para recibir servicios tempranos.

¿Puede recordar su tiempo como un servidor de altar?
Yo estudiaba en St. James Major en Gentilly y, para mí, fue un momento destacado para poder conocer muy bien a los sacerdotes y, las hermanas del Monte Carmelo y, ser tan activos en servir en la Misa. Me alegra que nuestros jóvenes también vean esto como un ministerio privilegiado. No solo participan en la Misa, sino que también, lideran a otros en su participación en la Misa. Dirigen la procesión de apertura, llevando el crucifijo, que llama a la gente a adorar. Se paran cerca del sacerdote, cuando él ofrece oraciones. Ayudan a montar el altar. Están allí para ayudar al sacerdote a lavarse las manos en preparación para la consagración. Tocan las campanas durante la oración eucarística para, llamar la atención sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía. Ayudan a retirar los vasos sagrados del altar después de la comunión y, conducen la procesión. Se nos recuerda cuando salimos de la Iglesia, no simplemente nos vamos. Nos envían para llevar la palabra de Dios y, el amor de Cristo a los demás, y ellos, nos guían en la recesión. Todos estos son momentos privilegiados. Felicito a todos los que recibieron el reconocimiento este año y, en años pasados.

¿Ser un servidor del altar, a veces, tiene un impacto de por vida en la fe de una persona?
Creo que lo hace. Tiene dos efectos. Primero, los servidores del altar, están en la mesa familiar con el sacerdote y, están muy cerca de Cristo en la Eucaristía. En segundo lugar, conocen a su párroco de una manera más personal.

Creo que a veces para los niños y las niñas, servir en el altar, al menos, plantea la cuestión de si pueden o no ser llamados al sacerdocio o a la vida consagrada. Conocer a alguien que es un líder dedicado, ayuda a despertar esa pregunta en el corazón de una persona joven. Me impresiona mucho, cada vez que voy a una parroquia para confirmar o, a alguna otra ceremonia, ver a los servidores del altar que son muy amables, muy atentos y, que tienen un gran deseo de celebrar la liturgia con reverencia. ¡Felicitaciones a ellos y sus padres!

Las preguntas para el Arzobispo Aymond se pueden enviar a: clarionherald@clarionherald.org.

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