El Señor me ha enviado para anunciar el evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad

3˚ Domingo del Tiempo Ordinario
Lucas 1: 1-4; 4:14-21
Enero 27, 2019

Queridos hermanos: en el Evangelio de este domingo el evangelista Lucas relata la escena donde Jesús pareciera estar presentando una especie de programa muy sencillo utilizando las palabras del profeta Isaías y que tiene sólo cinco puntos: “1-Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, 2-para anunciar a los cautivos la libertad, 3-y a los ciegos, la vista, 4- para dar libertad a los oprimidos, 5-para anunciar el año de gracia del Señor”.

Interesante si además tenemos en cuenta sus únicas palabras originales: “Hoy se cumple esta Escritura que acaban de escuchar”. Y se cumple en él, lo veremos a lo largo de sus años de predicación, con los leprosos, los enfermos, los ciegos, los marginados…, no sólo lo anuncia, sino que lo vive. Su vida será anunciar la Buena Noticia a los pobres. Si ser cristiano, como decía el catecismo: es ser discípulo de Cristo, debemos seguir su programa y saber bien en lo que tenemos que comprometernos, para que se vea en nosotros que somos testigos de Jesús.

La Iglesia, que como afirma San Pablo: “Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo”, debe ser hoy la que cumple esto. Nuestras comunidades y parroquias, con sus diversos dones y carismas, deben ser fieles a la Palabra de Dios tal como ha sido proclamada por Jesucristo y recogida por los testigos, como recuerda Lucas, al principio del texto: “Siguiendo las tradiciones trasmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la Palabra. He resuelto Teófilo, escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”. Ese es el criterio que establece los límites, el alcance, el sentido y el objetivo de nuestro hacer.

El Reino de Dios y el Año de Gracia llega para los enfermos impotentes ante su enfermedad; para los leprosos aislados de la comunidad y del culto; para los extranjeros y refugiados; los cismáticos; para los hombres y mujeres de mal vivir; para las mujeres, ayer ninguneadas, etc. No en vano Jesús fue acusado de comer con los pecadores, de tomar contacto con los más bajos, de simpatizar con los niños y las prostitutas o adulteras; en fin, de propiciar una autentica subversión del orden existente. 

El Año de Gracia era esto: se perdonaban todas las deudas, las posesiones de casas y tierras volvían a los primitivos dueños cada 50 años. Parece que no se cumplía, pero la proclamación por parte de Jesús, nos da las pistas para construir el Reino. El programa de Jesús nos espera.

Este programa que presenta hoy en la sinagoga de Nazaret va a desplegarlo a lo largo de su vida pública al anunciar lo que Jesús llamará más tarde el Reino de Dios, que está dentro de nosotros, por eso dirá también que ya ha comenzado, para que lo descubramos, pero tendrá su plenitud en la casa del Padre. 

Está fundamentado en el amor y se realiza a través del compromiso personal de todos los seguidores de Jesús con los hombres y mujeres que necesitan más nuestra ayuda para recobrar su dignidad perdida de hijos de Dios. Esta es la luz que ofrece a los ciegos, es la liberación de los cautivos rompiendo sus propias ataduras, la auténtica sanación del hombre. Pero para eso nos pide a todos el compromiso para crear unas nuevas estructuras sociales más justas, lejos del egoísmo y la ambición que está impidiendo a los pobres, a los marginados y a tantos otros realizarse en plenitud y vivir una vida en definitiva más humana y esperanzada. Es la fuerza del amor que procede de Dios, el único que puede liberarnos de todo tipo de angustia.

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