Y nosotros, ¿Qué debemos hacer?’

3er Domingo de Adviento
Lucas 3: 10-18
Diciembre 16, 2018

Queridos hermanos:  En este tercer Domingo de Adviento nuevamente tenemos a Juan el Bautista como protagonista, orientándonos con más fuerza hacia la persona de Aquel que viene. Juan aparece en la vida pública en una época de crisis en Palestina: la mayor parte de la población vivía en una gran pobreza, mientras que sólo unos pocos disfrutaban de abundantes riquezas; esa misma población estaba sometida a la dura colonización del imperio romano, a sus impuestos y arbitrariedades; además, los sacerdotes del templo de Jerusalén habían perdido toda su credibilidad entre la gente, porque no era el servicio a Yahvé lo que les movía, sino la usura y los privilegios propios. En palabras del profeta Juan, aquella sociedad necesitaba un vuelco radical, una conversión y un arrepentimiento. Esa visión radical sobre la situación de maldad de Israel no sólo la compartió Jesús en sus inicios, sino que permaneció también a lo largo de toda su misión posterior.

También hoy nuestra sociedad de la abundancia necesita un cambio radical, una conversión y un arrepentimiento de los que la formamos, porque somos pocos los que la disfrutamos y muchísimos – cada día más – los que padecen la exclusión, el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, el paro, el desalojo de sus viviendas y otras dolorosas miserias. Los cristianos estamos llamados a ser colaboradores del Jesús que está presente y es el profeta de la salvación. ¿Cómo? Llevando la ayuda allá donde la gente esté padeciendo cualquier tipo de esclavitud, de carencia o de sufrimiento.

La predicación testimonial de Juan el Bautista pone a pensar a la gente, suscita preguntas: “¿Qué hacemos nosotros?” Han comprendido que no basta escuchar, sino que hay que actuar. Esta pregunta sigue vigente si consideramos el problema del hambre en el mundo, el problema de los desplazados, el tráfico de niños y mujeres, y tantas lacras sociales que contemplamos cada día. Por eso, es necesario cultivar una espiritualidad de ojos abiertos para discernir los signos de los tiempos y ser agentes trasformadores de nuestra historia. Somos invitados a preguntarnos: ¿Contemplo y considero la realidad que me circunda? ¿De qué manera me involucro?

Generalmente, nos conformamos con no hacer mal a nadie, con algunas prácticas religiosas y dar alguna limosna. Acoger la venida del Señor requiere ampliar el abanico de nuestros compromisos, para con Dios y para con los demás. Invita a cultivar, con hondura, nuestra interioridad, siendo más gratuitos en los espacios de oración. Respetando a las personas, siendo más sensibles, poniéndonos en su lugar y siendo solidarios, particularmente, con los más desfavorecidos. Las clases sociales que nos presenta Lucas, o sea, la gente pobre del pueblo, los recaudadores de impuestos y los militares del ejército de ocupación, siguen vigentes con otros nombres, invitándonos a la solidaridad, a la ética profesional y a una convivencia pacífica. Esta solidaridad debe alcanzar a la Madre Tierra, la cual también grita a causa del mal trato que le damos. ¿Estoy haciendo un camino de conversión?

Con frecuencia nos vence el afán de ser los primeros, los vencedores, dejándonos llevar de la vanidad y olvidándonos de cuál es exactamente nuestro lugar. Pero, Juan el Bautista es el prototipo de la persona humilde y lúcida: “… viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias”. Tiene claro que su misión es preparar el camino para que el sembrador, Jesús, lo fecunde con su Palabra. Ahora bien, ¿Cómo nos situamos en la Iglesia? ¿En la Comunidad? ¿Nos ponemos detrás o delante de Jesús? ¿Delante o detrás de los demás?

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