Los Diez Mandamientos, no son 10 sugerencias

Por Arzobispo Gregory M. Aymond, Clarion Herald

La semana pasada, el Papa Francisco terminó su catequesis sobre los Diez Mandamientos en su audiencia general en Roma. ¿Qué le llamó la atención de su enseñanza?

Durante décadas, los papas han usado su audiencia semanal como un tiempo para enseñar y, llamarnos al discipulado. El estilo de enseñanza del Papa Francisco es  claro y muy pastoral, y usó las Escrituras y la vida cotidiana, para hablar de los Diez Mandamientos, de manera que los podamos aplicar a nuestras vidas.

¿Qué aprendió sobre los Diez Mandamientos en el seminario?

Son una base fundamental de lo que somos como el pueblo de Dios. Vienen del Antiguo Testamento. No son sugerencias. Son los mandamientos de Dios para nosotros. ¿Por qué haría tan tremendas demandas? Es porque nos ama, quiere lo mejor para nosotros, quiere que nos convirtamos en las personas que nos llama a ser, para que podamos heredar la vida eterna. Todos tienen reglas para vivir, y si las desechan, eso significaría un caos total y, un camino hacia el fracaso y el egoísmo.

¿Cómo desglosaría los mandamientos?

Los primeros tres mandamientos son acerca de, estar cerca del Señor, honrar su nombre, tenerlo como el todo y, no tener dioses falsos en nuestra vida. También, nos llama a orar en los días sabáticos, que para nosotros es el domingo. Creo que solo el mandamiento, guardar el sábado, es algo que necesitamos escuchar en este día y época. No es una sugerencia. El Señor espera que honremos el día del Señor, al adorarlo con una comunidad de fe. Algunas personas dicen: “Bueno, yo puedo adorar a Dios solo”. Si bien eso es cierto, existe una dimensión importante de que somos una comunidad de fe y, que estamos llamados a adorar a Dios en esa comunidad de fe. Esto es especialmente cierto para nosotros, los Católicos, cuando escuchamos la Palabra de Dios que nos habla y, cuando recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Los otros mandamientos tienen que ver con amar a nuestro prójimo y, amar a nuestros padres. Estamos llamados a respetar a nuestros vecinos reverenciándolos, no robando, no cometiendo pecados sexuales que usaría la otra persona. No es solo el adulterio, sino cualquier otra forma en que solo podamos usar el cuerpo de otra persona para nuestro placer. Estamos llamados a no ser celosos, a no codiciar los bienes o regalos de nuestros vecinos. Vivimos en un mundo de gran competencia, donde siempre parece que estamos viendo lo que la otra persona tiene y yo no. Dios, nos llama en los Diez Mandamientos a reconocer los dones que tenemos y, no a estar celosos de los dones de los demás.

Los Diez Mandamientos a menudo se yuxtaponen con las Bienaventuranzas.

Nos gusta comparar los Diez Mandamientos, que son los mandamientos de Dios sobre qué no hacer con las Bienaventuranzas, que nos dicen qué hacer: ser pobres de espíritu, reconocer que necesitamos a Dios, tener hambre de justicia, esforzarnos por alcanzar la santidad, esforzarse por la pureza de corazón, ser pacificadores, esforzarse por ser misericordiosos y mansos. Por lo tanto, esas son las cosas positivas que pueden combinarse con los mandamientos. Los mandamientos, básicamente nos dicen algunas de las tentaciones a las que no debemos entrar; Las Bienaventuranzas, nos dicen lo que necesitamos para vivir la vida con bondad, santidad y discipulado.

Los Diez Mandamientos a menudo se miran con ojo cauteloso en la plaza pública.

Vivimos en un momento en que no podemos colocar los Diez Mandamientos en espacios públicos, en escuelas o en muchos edificios públicos o gubernamentales. He escuchado a muchas personas decir que, estamos sacando los mandamientos de Dios de las escuelas y, reemplazándolos con armas. Hay algo malo en eso. Hay una gran analogía que el Arzobispo Fulton Sheen utilizó en su libro, “Remade for Happiness” (Ignatius Press, 1946). Aunque fue escrito hace mucho tiempo, tiene una analogía relevante: “Cuando compra un automóvil, el fabricante le da un conjunto de instrucciones que cubren la presión de los neumáticos, el tipo de aceite del motor y  el combustible adecuado. El fabricante no tiene nada en contra de usted al darle estas instrucciones, igual que Dios, no tiene nada en su contra al darle los mandamientos. El Arzobispo Sheen escribió, “Dios quiere que nosotros, obtengamos la máxima felicidad de la vida. Tal es el propósito de sus mandamientos”.

Las preguntas para el Arzobispo Aymond, se pueden enviar a: clarionherald@clarionherald.org.

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