Hemos hecho grandes avances, pero queda mucho por hacer

Usted y sus hermanos obispos en todo el país, se han visto profundamente afectados por los informes de abuso sexual del clero. Hace dos semanas habló de esto con sus sacerdotes. ¿Qué les ha dicho?

Me aseguré, en primer lugar, de agradecerles sinceramente, desde el fondo de mi corazón, por su ministerio. Aun cuando esta crisis ha sido revelada, nuestros sacerdotes están en la línea del frente haciendo el ministerio todos los días. Celebran la Eucaristía, casan y bautizan a las personas. Escuché de tantos feligreses lo agradecidos que están por el ministerio dedicado de nuestros sacerdotes. Están agradecidos y, yo también. Estoy seguro de que hay tantos sentimientos diferentes que nuestros sacerdotes tienen en sus corazones en este momento. Para algunos, hay una tremenda indignación, una desilusión terrible y, dudas sobre la autoridad de los obispos. Ha habido un gran desaliento y cuestionamiento, y comparto esos sentimientos. Es un momento doloroso en el que debemos orar y permanecer fieles al Señor. Este es un momento en el que tenemos que estar unidos como sacerdotes de la Iglesia y, avanzar.

Usted dio una entrevista poderosa en una estación de radio local recientemente, sobre la crisis de abuso. Dio una analogía durante esa entrevista. ¿Podría compartirlo con nosotros?

Nunca se debe abusar de nadie, especialmente por un miembro del clero, o un líder en la Iglesia. Siempre está mal, y aquellos que son los abusadores, deben ser llevados ante la justicia. Hay una analogía que he usado, que realmente no me gusta, pero la compartiré porque creo que ayuda a la gente a entender. Las personas me han dicho a lo largo de los años que, en muchos casos, donde el abuso sexual ha ocurrido en una familia, la posición era no decirle a nadie. La familia decidió mantenerlo entre ellos y, no escandalizar a nadie. Eso está mal, pero es lo que sucedió tan a menudo en el pasado, porque no querían que la familia se avergonzara. En el pasado, creo que la Iglesia cometió un terrible error, al adoptar una posición similar. Antes de 2002, se pudo haber dicho: “No le digamos a nadie, porque trataremos con la persona. No queremos avergonzar a la familia “. Esto no es una excusa, porque esto es terriblemente incorrecto y, no coloca a la víctima como la primera prioridad. Necesitamos ser directos, necesitamos ser transparentes, necesitamos ser honestos acerca de nuestro pecado.

¿Cuál es la ley de la Iglesia con respecto al abuso sexual clerical?

Si un sacerdote está involucrado en el abuso sexual de un menor, no es solo un crimen civil, sino también, un acto criminal dentro de la Iglesia. Desde que la Carta para la Protección de Niños y Jóvenes, entró en vigencia en 2002, es un error y usted está fuera. Si hay un caso de abuso sexual, y no hace ninguna diferencia cuando ocurrió en la vida de un sacerdote, automáticamente se le saca del ministerio como sacerdote. Soy el pastor y  prometo hacer todo lo posible para promover un ambiente seguro.

¿Qué pasa cuando alguien se presenta con una denuncia?

Si un padre o cualquier otra persona, nos acusa de que un sacerdote ha abusado de un niño, lo primero que hacemos es levantar el teléfono, llamar a la policía, y decirle que investigue esto de inmediato. También, hacemos una investigación muy completa. Es diferente si una persona se presenta y dice que, fue víctima de abuso hace 40 años, cuando era niño. En la mayoría de los casos, el presunto abusador está muerto, pero aún nos tomamos esto muy en serio y, hacemos una investigación en la medida de lo posible. En todo esto, lo que más nos preocupa es la víctima o el sobreviviente. Han sido heridos. Su corazón está roto, sus vidas han sido afectadas y, a veces, devastadas. Yo, como líder de la Iglesia, quiero estar allí para ellos y caminar con ellos en ese dolor y sufrimiento, para que puedan avanzar hacia esa sanación.

Ha hablado sobre el arrepentimiento y la purificación de la Iglesia.

Este es un momento en que nuestro pecado es público. Tenemos que arrepentirnos, y pasar por la purificación. Tenemos que asegurarnos de que el futuro sea diferente. Les ruego a las personas que no abandonen la Iglesia, sino que, nos den la oportunidad de corregir los errores.

También, ha tratado de dar algún contexto sobre cómo la Iglesia ha respondido a la crisis de abuso sexual desde 2002.

Quiero tener mucho cuidado aquí, porque de ninguna manera estoy minimizando el daño que se les ha hecho a las víctimas abusadas. La manera del informe que se ha dado sobre esto, es que todo este abuso, está ocurriendo hoy en nuestras escuelas y nuestras Iglesias, y eso no es cierto. Por eso, les pido a las personas que nos den una oportunidad de purificación y arrepentimiento, y que cambien las cosas. Ya hemos empezado eso. Ahora, ¿Tenemos un camino por recorrer? Sí. Pero me gustaría que las personas en la arquidiócesis sepan que, no hemos tenido una acusación creíble de abuso sexual de un menor por parte de un sacerdote en más de una década. Hemos hecho progresos. Parte de nuestra purificación y arrepentimiento, ha tenido lugar, y todavía tenemos mucho camino por recorrer. Todos los casos que he tratado recientemente se remontan a 30, 40, 50 y 60 años atrás. Ahora sabemos mucho más sobre la pedofilia y el abuso sexual que hace 30, 40, 50 y 60 años. Sabemos que realmente no es tratable. Ese patrón volverá a la vida de una persona, por lo que ahora estamos tratando con el de manera diferente. Nuestro programa de ambiente seguro en la arquidiócesis es excelente. Cualquier persona que trabaje con un niño o joven, tiene que pasar por una verificación de antecedentes, y capacitación en un entorno seguro, y eso incluye a los voluntarios en nuestros ministerios. Hemos logrado avances significativos desde 2002. Por eso podemos decir con confianza que no hemos tenido una acusación creíble en más de una década. En los últimos años, el número de casos de abuso sexual de un niño por parte de un sacerdote, ha sido de unos pocos o menos que en toda la nación, por lo que se han logrado avances. Eso no compensa el dolor de los que han sufrido abusos en el pasado, y oro por ellos todos los días.

¿Esto le ha ocasionado daño?

Tengo un gran dolor en mi corazón. La Iglesia es mi familia, y cuando hay abuso sexual en la familia, me duele. Sin embargo, también sé que mi dolor no es el mismo que para los que han sufrido abusos y para los sobrevivientes. Su dolor es único y muy diferente. Las personas me han llamado y expresado sus sentimientos de ira, angustia y desilusión, y mis sentimientos son los mismos. Pero quiero que la gente recuerde: Dios es fiel y podemos arrepentirnos. Realmente, creo que estamos pasando por el Calvario en este momento. No hemos llegado a la cima de la montaña, pero estamos llegando allí, donde tiene lugar la crucifixión. Después de eso, creo que Jesús aceptando nuestro arrepentimiento, nos llevará a la renovación y al sentido de una nueva vida. Pero eso va a tomar tiempo. Nos reuniremos como un cuerpo de obispos en noviembre, para discutir y, votar sobre un plan que convoca a los obispos a una mayor responsabilidad y, les da a los laicos, una forma confidencial de reportar las denuncias contra los obispos a un tercero. Estos son solo nuestros primeros pasos. Una vez más, me gustaría repetir una sincera invitación que hice durante las últimas semanas: si alguien ha sido abusado sexualmente por un miembro de la Iglesia en la Arquidiócesis de Nueva Orleáns, por favor llámeme.

Las preguntas para el Arzobispo Aymond, se pueden enviar a: clarionherald@clarionherald.org.

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