Las ordenaciones reflejan la tradición de 2.000 años de la Iglesia

Para el próximo mes, estará celebrando tres Misas de ordenación – una para diáconos de transición, una para sacerdotes y otra para diáconos permanentes – por lo que este debe ser un momento muy feliz y emocionante para usted. ¿Puede explicar qué va a pasar el próximo mes?

Este definitivamente es un momento maravilloso para la arquidiócesis y para la Iglesia universal. El sábado 19 de mayo, en la catedral de San Luis, ordené a ocho hombres como diáconos de transición, siete de los cuales servirán en la arquidiócesis. Los diáconos de transición son aquellos que, si Dios quiere, seguirán el próximo año para ser ordenados al sacerdocio. El sábado 2 de junio, tendré el privilegio de ordenar a cuatro hombres para el sacerdocio. Y, luego, el sábado 23 de junio, ordenaré a 22 hombres como diáconos permanentes, lo que aumentará el número de diáconos permanentes que sirven en la arquidiócesis a casi 250. Esta es una época alegre del año, porque podemos celebrar el hecho que Jesús no solo llamó a Pedro, Santiago y Juan y los otros apóstoles hace 2.000 años, sino que todavía llama a la gente hoy. Vemos en las Escrituras que, en la Iglesia primitiva, los apóstoles llamaron a otros a servir como diáconos y presbíteros. Ellos oraban y les imponían las manos. Dos mil años después, el rito de ordenación es así de simple. Los obispos tenemos el humilde privilegio de orar por los candidatos, e imponerles las manos, que es el signo de la invocación del Espíritu Santo, y se convierten en diáconos y sacerdotes.

¿Hay alguna diferencia entre los ritos de ordenación para diáconos transicionales, sacerdotes y diáconos permanentes?

Vamos a hablar sobre el rito de ordenación del diaconado primero. La única diferencia en el rito de ordenación para un diácono de transición y un diácono permanente, se refiere a la promesa del celibato. Si un hombre casado está siendo ordenado para el diaconado permanente, entonces, por supuesto, no haría una promesa de celibato. Sin embargo, si un hombre que no está casado está siendo ordenado como un diácono permanente, él hace una promesa de celibato, al igual que aquellos que están siendo ordenados como diáconos de transición. En la ordenación diaconal, los candidatos prometen ofrecer sus vidas al servicio de la Iglesia, rezar la Liturgia de las Horas, predicar el Evangelio con palabras y hechos, y fomentar su crecimiento espiritual como líderes entre el pueblo de Dios. El enfoque de su ministerio es guiarnos en las obras de caridad. Cada uno de los candidatos hace una promesa de obediencia al obispo. Esa realidad es una promesa de obediencia a Dios para servir a las necesidades de la Iglesia. Puede haber momentos en que la Iglesia les pida que hagan algo que no sea su primera opción. No obstante, ellos hacen esa promesa de obediencia. Después de la imposición de manos y la oración de ordenación, los diáconos recién ordenados son investidos por un sacerdote o diácono con los signos de su nueva oficina ministerial: una estola y una dalmática. La estola es un símbolo del estado clerical. La dalmática, se usa sobre la estola, y es un símbolo del servicio para el que ha sido llamado. Una vez que son conferidos como diáconos, reciben del obispo el Libro de los Evangelios, como una señal de que son heraldos del Evangelio, y se les ha confiado el deber de enseñar el mensaje del Evangelio, y vivir el Evangelio en sus vidas cotidianas.

¿Qué hay del rito de ordenación para los sacerdotes?

Es similar en muchos aspectos, pero hay diferencias. Los candidatos al sacerdocio prometen dedicar sus vidas al servicio de la Iglesia, y prometer obediencia al obispo diocesano, predicar el Evangelio, y enseñar la fe Católica, celebrar fielmente los sacramentos, orar por el pueblo de Dios, y fomentar su propio crecimiento espiritual. También, renuevan su promesa de obediencia al obispo. Uno de los momentos más poderosos del rito de ordenación para los sacerdotes ocurre cuando los candidatos se postran ante el altar como un signo de su sumisión a la voluntad de Dios, mientras el coro y la congregación cantan la Letanía de la Súplica, invocando la ayuda de Dios y de los santos, sobre los candidatos y la Iglesia. Después de eso, pondré mis manos sobre cada candidato, y ofreceré la oración de ordenación. Los sacerdotes recién ordenados, se quitan la vestimenta de diácono y visten, por primera vez, la vestimenta de los sacerdotes: una estola y una casulla. La casulla es un símbolo de la virtud de la caridad a la que son llamados. Entonces, unjo sus manos con el crisma sagrado, porque deben usar sus manos para celebrar los sacramentos, particularmente la Eucaristía. Sus manos tocan lo sagrado, y hacen a Cristo presente a su pueblo. Después de eso, le entrego a cada sacerdote nuevo, el pan y un cáliz lleno de vino, que se convertirá en el cuerpo y la sangre de Cristo. Se les dice, que vivan el misterio que celebran. Como Cristo dijo: “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”, se les pide que den sus vidas por el bien de la gente. Luego, los sacerdotes reunidos para la Misa de ordenación, se presentan y abrazan a sus nuevos hermanos sacerdotes.

¿Qué tan interesante es para usted ver los diferentes rumbos que llevan a  estos hombres a la ordenación?

Es realmente sorprendente. Estoy consciente de sus historias, que son únicas. Dios llama a cada persona de una manera única. El criterio para que la Iglesia ordene a alguien al diaconado o al sacerdocio sigue siendo el mismo: debemos ordenar hombres de gran fe, hombres de buena reputación y hombres que entregarán sus vidas como líderes. He conocido a muchos de ellos bien. Dos días antes de la ordenación permanente del diaconado, me uniré a los 22 hombres en una vigilia de oración. Estos son momentos tan importantes para la Iglesia. Todo lo que un obispo hace, lo puede delegar a otros, excepto las ordenaciones. Esa es la única cosa que un obispo no puede delegar en otra persona. Cada vez que me preparo para una ordenación, me siento con mucha humildad pensar que tengo el privilegio de continuar con la tradición apostólica de 2.000 años de nuestra Iglesia.

Las preguntas para el Arzobispo Aymond pueden enviarse a: clarionherald@clarionherald.org.

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