La vocación de una madre merece nuestra oración

Al celebrar el Día de la Madre el domingo, ¿Cuáles son sus sentimientos, sobre el día en que honramos a nuestras madres?

Este es un día maravilloso para reunirnos en familia, y agradecer a nuestras madres por lo mucho que han dado al proteger, y alimentar a su familia. Es un momento en el que hacemos una pausa, para apreciar profundamente a las personas que están vivas – o que hayan muerto, esas personas que fueron para nosotros – y agradecerle a Dios por ellas. Pedimos las bendiciones de Dios, para aquellas madres que todavía están entre nosotros, y oramos por aquellas que se nos han ido, para que puedan celebrar la plenitud de la vida en el reino de Dios. Es importante que en el Día de la Madre reconozcamos a nuestras madres no solo diciendo: “¡Feliz día de la madre!” 

Creo, que sería genial, si los miembros de la familia pudieran recordar las acciones específicas de sus madres, que los alentaron en el camino. 

También, queremos recordar en este día a las madres adoptivas, madres sustitutas, madres solteras, madrastras, abuelas y cualquier otra persona que haya sido una figura materna en nuestras vidas. Reconozco, que para algunas personas, este día puede ser doloroso, debido a sus experiencias infantiles. También, estamos conscientes en el Día de la Madre, de aquellas mujeres que desean la maternidad, y que están luchando por concebir.

Oramos por ellas, mientras experimentan este dolor y, a veces, una sensación de aislamiento. A veces, esas experiencias son perjudiciales. Entonces, en el Día de la Madre, oramos por aquellos que sufren, para que Dios los ayude a sanar de tal manera que puedan ir más allá de su dolor. Todos las elevamos al Señor en el Día de la Madre.

¿Qué papel juega la Santísima Madre para los Católicos, en términos del don de la maternidad?

Tenemos el modelo ideal de María, que no solo dio a luz a Jesús, sino que también, caminó con Él, y se preocupó por Él. 

No sabemos mucho de las Escrituras a cerca de la infancia de Jesús, pero sí sabemos que aprendió sus oraciones y sus Escrituras hebreas, de María y José.

María, lo instruyó en la vida, lo amó con ternura, y le enseñó a amar, a perdonar y a orar.

También, vemos a María parada al pie de la cruz con su hijo. Ella, estuvo con Él en cada paso del camino, en su viaje al Calvario, ya que su hijo fue tratado sin dignidad. A menudo pienso en madres que han perdido un hijo, y no me puedo imaginar el dolor que deben sentir todos los días de sus vidas. Los alentaría a recurrir a la Santísima Madre, y compartir con ella el dolor de su experiencia. ¿Cuántas mujeres han abortado o perdido niños al nacer? ¿Cuántas madres en nuestra arquidiócesis han tenido que enterrar a sus propios hijos o hijas debido a la violencia? María puede ser una fuente de conforte y consuelo.

¿Nos pudiera hablar sobre su madre?

Mi madre era Yvonne (Higgins) Aymond, y yo diría que ciertamente, nos formó a mis dos hermanas y a mí con fe, y nos ayudó a conocer a Jesús, y ser sus discípulos. Admiro su fidelidad a la Misa y a la confesión, que lo hacia con regularidad. Ella era una verdadera mujer de fe. Ella  sacrificó su vida por otros, y especialmente por sus tres hijos. Ella, siempre tuvo un espíritu acogedor. La puerta de nuestra casa siempre estaba abierta. Nadie que alguna vez vino a nuestra casa alguna vez, salió con hambre. Ella  tenía suficiente comida para todos. Ella era ama de casa, y estaba involucrada en el Club de Madres en St. James Major en Gentilly. Me doy cuenta de que muchas madres de hoy, no tienen otra opción, y tienen trabajo fuera del hogar, para llegar al fin de mes. Esta, puede ser una experiencia muy desafiante, cuando los niños están enfermos o tienen necesidades especiales. La maternidad es una verdadera vocación, un llamado de Dios.

El lunes por la noche en la Parroquia St. Angela Merici, otorgará el Premio Regina Matrum, a Alma McNamara, por su maravilloso ejemplo como madre Católica.

El Regina Matrum es siempre uno de mis premios favoritos para dar, porque se puede ver el amor que una madre le brinda a su familia. La maternidad es un llamado de Dios, una vocación, para compartir el papel de María. El Regina Matrum, me da la oportunidad de agradecer a Alma, y orar por todas las madres, porque tienen la perseverancia y la fuerza para permanecer fieles a su vocación.

Las preguntas para el Arzobispo Aymond pueden enviarse a: clarionherald@clarionherald.org.

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