Más muertes, no es la respuesta para la sociedad

Esta entrevista, tuvo lugar unos días antes de la ejecución prevista para el 5 de febrero de Christopher Sepulvado, en la penitenciaría estatal de Luisiana en Angola. A Sepulvado, se le concedió un aplazamiento a su ejecución el año pasado, por un juez del estado, porque el Departamento Correccional de Luisiana, no proporcionó un protocolo escrito de cómo llevaría a cabo su ejecución, mediante un método “una-droga,”pero sus llamamientos parecen haberse agotado. Otro reo condenado a muerte en Florida, está programada para ser ejecutada el 12 de febrero. ¿Qué piensa de todo esto?

En primer lugar, el asesinato de Wesley Mercer, por el cual fue condenado Christopher Sepulvado, fue un crimen nefasto y atroz. Los siete obispos de Luisiana emitieron una declaración conjunta el 30 de enero, reconociendo ese hecho. Nuestra fuerte oposición a la pena de muerte – y nuestras suplicas, pare que él sea condenado a cadena perpetua, sin posibilidad de libertad condicional – se basa en la enseñanza constante de la Iglesia Católica que afirma la vida. El “Catecismo de la Iglesia Católica” deja muy claro, y creo que es importante citar el párrafo 2267 en su totalidad:

“Asumiendo que la identidad, y la responsabilidad del culpable, ha sido completamente determinada, la enseñanza tradicional de la iglesia no excluye el recurso a la pena de muerte, si esta es la única forma posible de efectivamente defender vidas humanas contra el agresor injusto.

“Pero, sin embargo, los medios no letales son suficientes para defender y proteger la seguridad de las personas contra el agresor, la autoridad se limitará a esos medios, ya que son más de acuerdo con las condiciones concretas del bien común y es más en conformidad a la dignidad de la persona humana.

“Hoy en día, de hecho, como consecuencia de las posibilidades que tiene el estado para prevenir eficazmente la delincuencia, reprimiendo al que ha cometido una ofensa, y dejarlo incapacitado de hacer daño – sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse – los casos en que la ejecución del delincuente es una necesidad absoluta ‘son muy raros, si no, prácticamente inexistente.’”

Esa última frase es clave. Es una cita directa del Papa Juan Pablo II, que está incluida en su encíclica de 1995, “El Evangelio de la Vida.” Como Católicos, nos oponemos a la toma de la vida humana innecesaria. Incluso, si somos víctimas de una grave injusticia, los seres humanos no tenemos el derecho de tomar la vida de otro ser humano.

¿Ve usted signos de que la enseñanza de la iglesia sobre la pena de muerte sea cada vez más aceptada por los Católicos, o es todavía una enseñanza difícil de aceptar?

Mi impresión es que hay más personas que están abiertas a discutir y a cambiar sus puntos de vista, de lo que he visto en el pasado. Cuando he dado charlas sobre actividades de pro-vida, menciono que la legalización del aborto, es una violación fundamental de la vida humana. Una vez que se legaliza la toma de la vida de un niño inocente en el vientre – y hablando acerca de esto en forma popular – nos permite hacer caso omiso de la vida humana de muchas maneras, como la pena de muerte, la eutanasia asistida por suicidio y la trata de seres humanos. Se abre a todo eso.

¿Qué tipo de comentarios ha recibido, cuando habla en contra de la pena de muerte?

Personas han venido a mí después de que he hablado, y dicen: “Me cuesta mucho tragarme eso.” Otros me han dicho, “Tengo que pensar en ello.” En ocasiones, personas me han dicho, “Siempre he estado a favor de la pena de muerte, pero creo que lo estoy viendo diferente ahora.” La reacción ha corrido toda la gama.

Además, en nuestro respeto por la vida humana, existen otras dos razones por lo que no somos partidarios de la pena de muerte. La primera es porque le quita la oportunidad a esa persona a experimentar el arrepentimiento y conversión, y a vivir una vida de arrepentimiento por lo que él o ella ha hecho. En segundo lugar, las acciones del autor son nefastas, pecaminosas y malas, pero el tomarle la vida de esa persona, no promulga justicia. La persona muerta no volverá a la vida, y generalmente no traerá paz a la familia, y amigos de quien sufrió la injusticia.

Muy humildemente cuento la historia de una pareja que conozco. Su hija fue asesinada, y ellos específicamente le pidieron al estado a no invocar la pena de muerte. Una vez al mes, el viernes, ellos ayunan y oran por la conversión de la persona que mató a su hija. Es un poderoso signo de fe y de perdón. Que Dios nos dé el conocimiento que esa pareja tiene – para poder resistir la vida en todo momento, incluso en las situaciones muy difíciles, y dolorosas.

Pueden enviar sus preguntas al Arzobispo Aymond a: clarionherald@clarionherald.org.

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