Pongamos a Dios como nuestro deudor

Reflexión sobre el Evangelio Lc.16:1-13
Domingo 25
“El Administrador Astuto”
    El domingo pasado escuchamos la parábola mas bella del Evangelio, la mas predicada y la mas amada por  todos, que es la Parábola del Hijo Prodigo. Este domingo tenemos una parábola que nadie parece entender, que es la parábola del administrador astuto.
    El domingo siguiente tendremos aquella parábola que a casi nadie le gusta predicar y es la parábola del rico y el pobre Lázaro.
    Las tres parábolas tienen un tema común: como usar el dinero o los bienes materiales para ganarse la vida eterna, o para perderla.
    El Hijo Prodigo abandona la casa de su padre amoroso y vuelve de regreso a ella; el administrador astuto va a ser expulsado de la casa del patrón y no tiene quien lo reciba y usa el dinero ajeno para que los otros siervos lo reciban en sus casas; y el rico posee una mansión en donde el pobre y el enfermo nunca entran en esa casa; al morir ambos los papeles se invierten y el que queda fuera del banquete es el rico, mientras el pobre esta en  casa de Abraham.
    Los tres usan mal el dinero, el hijo malgasta el suyo propio con pecadores, el administrador malgasta el de su amo para hacerse amigos y el rico malgasta el suyo en parrandas para sus amigos.
    Las lecciones que Jesus nos da sobre la forma en que el administrador astuto usa los bienes materiales son impactantes:
    Los hijos de las tinieblas son mas astutos en usar los bienes del mundo que los hijos de la luz.
    Jesus alabó la astucia del mal administrador y dijo, “Yo les digo a ustedes: usen el dinero sucio para hacerse amigos para ustedes, de tal manera que cuando les falle, esta gente los reciba a ustedes en las moradas eternas.”
    Las posesiones materiales deben usarse para hacer amigos. No solo para esta vida, sino para la eterna.
    Si somos  fieles en las cosas pequeñas,se nos encomendaran las grandes. No podemos servir a dos Señores: a Dios y al dinero.
    ¿Por que tanto énfasis en este evangelio de Lucas acerca de la buena administración de los bienes materiales, no te das cuenta de que tus riquezas no te garantizan la vida?         
    Pero las puedes usar para ganarte amigos aquí en la tierra que te abran las puertas del cielo cuando tu mueras. O dicho de otra manera, Cristo mismo te abrirá las puertas del cielo en nombre de todos esos pobres que ayudaste con tus dineros. O, como dice San Agustin, “Hagamos que Dios quede en deuda con nosotros.”

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