Necesitamos enseñar a nuestros hijos a mostrar un amor tierno

El Arzobispo Gregory Aymond pronunció el siguiente discurso el 6 de diciembre a más de 350 personas, en la celebración anual del 75 almuerzo de Navidad del Consejo de Clubes Cooperativos de la Escuela Católica:

El profeta Miqueas, nos da una guía de lo que el Señor requiere de nosotros: “Hacer lo correcto, amar tiernamente y caminar humildemente con Dios”. Como maestros y administradores de la escuela Católica y como padres, Dios nos pide que moldeemos los corazones de nuestros niños, para que puedan hacer lo que es correcto a los ojos de Dios, amar tiernamente y caminar humildemente con Dios, reconocer sus dones con humildad, y usarlos para cuidar a los demás.

Nuestra joven Iglesia es muy importante para nosotros. Es por eso que, hoy estamos aquí en números tan grandes. He sido bendecido por pasar tiempo con nuestros jóvenes y jóvenes adultos, y he visto a personas comprometidas con su fe, a veces, a pesar de muchas dificultades. Nuestros jóvenes tienen muchas preguntas. A través de la tecnología, están expuestos a demasiado. Están llamados a tomar decisiones adultas, a pesar de seguir siendo niños y adolescentes.

Obviamente, como maestros, clérigos y padres, debemos estar conscientes de esa realidad. Nuestros hijos se ven muy afectados por lo que sucede en la sociedad.

Me gustaría mencionar varias cosas. Primero, hay una increíble cantidad de violencia en nuestra sociedad. Ha habido tanta violencia en las escuelas, e incluso en las Iglesias de todo el país, que he pedido a todas nuestras escuelas e Iglesias que presenten planes de emergencia en caso de un incidente activo con arma de fuego. Cuando tomé esa decisión, pensé, ¡qué desafortunado es que, incluso, tengamos que hacer eso! Pero, tenemos que estar listos si alguien entra a una de nuestras escuelas o Iglesias, y comienza a disparar un arma. Esa es la realidad en nuestro país.

Me sorprende cómo las personas que, a menudo no son estables emocional o psicológicamente, pueden comprar armas, y, por alguna razón, no hay cambios en nuestras leyes de armas. Es una vergüenza para nuestro país, una vergüenza que tenemos que mirar muy seriamente.

También, sabemos sobre la gran cantidad de asesinatos en nuestra área metropolitana. Ya no podemos decir que, ninguna área de nuestra arquidiócesis, no se ve afectada por la violencia. Ya sea que esté en el “southshore” o el “northshore,” en el westbank, o en las parroquias del río, el asesinato se lleva a cabo allí. Debido a eso, nosotros y nuestros hijos nos estamos volviendo muy insensibles: “Oh, otra persona que fue asesinada”. No, no es solo otra persona, no es solo un número. Es la vida de una persona la que se ha tomado, y la vida de una familia que se ha visto afectada para siempre.

Segundo, nuestras actitudes hacia la sexualidad han cambiado. El sexo se ha convertido en entretenimiento, en lugar de algo que expresa amor. La popularidad de la pornografía  ha dañado a nuestra sociedad y, de manera particular, a nuestros hijos. Tenemos un comité arquidiocesano trabajando en un plan, para abordar la pornografía entre nuestros jóvenes y entre los adultos. No es ningún secreto que niños de 10 u 11 años de edad están expuestos a la pornografía, y algunos de ellos se vuelven adictos en el séptimo u octavo grado.

Nuestra inclinación natural es decir, eso no está sucediendo en mi Iglesia, eso no está sucediendo en mi escuela, eso no está sucediendo en mi casa. Tenemos que sacar nuestras cabezas de la arena, porque este es un problema serio. Estar expuesto a la pornografía a los 10 u 11 años, y recibir todo tipo de “tweets,” correos electrónicos y otras cosas en las redes sociales, tiene un efecto dañino en la formación de nuestros hijos.

Lo que tu y yo estamos llamados a hacer, es ayudar a nuestros hijos a formar valores positivos. No necesitamos violencia; necesitamos paz y conversar. No necesitamos tener pobres imágenes de sexualidad. No necesitamos aceptar el acoso sexual como una norma. Escuchamos todos los días las noticias, de que las mujeres en nuestro país, no son respetadas en el lugar de trabajo. No se les da el respeto que Dios les da, y que estamos llamados a darles. Estos son problemas serios en la vida de nuestros hijos.

Nuestros niños escuchan insultos raciales, a veces incluso en nuestras escuelas. Es importante para nosotros, como maestros, administradores, clérigos y padres actuar y corregir de una manera amable si encontramos ese tipo de prejuicios expresados. Muchos de nuestros niños ven violencia doméstica en sus propios hogares, y debemos estar ahí para ayudarlos. Les están enseñando a ser violentos.

Ya he hablado anteriormente sobre lo que llamo la guerra de las palabras: “los pensamientos no filtrados, cortan corazones”. La idea de que podemos decir cosas ofensivas a alguien más en cualquier momento, se ha infiltrado en nuestra cultura. Estamos viviendo en una nación muy dividida. Hablé con algunos de nuestros legisladores estatales recientemente, y les dije que creía que, muchos legisladores, estaban votando estrictamente por las líneas partidarias, y no por la esencia de los problemas. Varios de ellos me dijeron: “Tienes toda la razón”. Qué vergüenza.

Podemos decir que, estos son signos terribles para nuestra sociedad, pero prefiero verlos como oportunidades para que podamos leer los signos de los tiempos, y tocar los corazones de nuestros jóvenes. Necesitamos enseñar a nuestros jóvenes cómo estar en desacuerdo. Necesitamos tener conversaciones con ellos, sobre cómo respetar a las personas con sus palabras, y cómo usar la tecnología para promover el bien, y la belleza de la creación de Dios. Cuando la tecnología se utiliza para la pornografía, “sexting o llamar para ponerles sobrenombres a las personas, se convierte en una tentación.”

Nuestra joven Iglesia tiene desafíos. Yo, como tú, los amamos cariñosamente. Queremos lo mejor para ellos, a medida que crecen y se desarrollan. Podemos ver los desafíos, sentirnos abrumados y decir: hablemos de algo positivo. Creo que esto es positivo, porque nos da una oportunidad. Tenemos la oportunidad de conmover los corazones y las mentes de nuestros jóvenes. Podemos hacer una diferencia.

Al igual que el profeta Miqueas, queremos enseñar a la joven Iglesia a hacer lo que es correcto a los ojos de Dios, enseñarles a amar con ternura, y enseñarles a caminar humildemente con su Dios. Gracias a todos los padres, y a todos aquellos que comparten el ministerio de la educación Católica.

Preguntas para el Arzobispo Aymond, se pueden enviar a: clarionherald@clarionherald.org.

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