Una súplica para la civilidad en la política, para el bienestar de nuestros niños

En el almuerzo anual de Navidad del Consejo de Clubes de Cooperativas de las Escuelas Católicas, la semana pasada, usted tocó un punto, para repetir lo que usted ha dicho ya sobre el carácter mezquino de las recientes elecciones nacionales, estatales y locales. ¿Por qué pensó que era importante volver a hacer hincapié en sus preocupaciones a los clubes de padres?
Mientras reflexionaba sobre el último año y medio sobre las elecciones nacionales, estatales y locales, me entristecía mucho lo que oía de lo que hablaban, noche tras noche, en la televisión y en el resto de los medios de comunicación.

Llegó al punto en que a veces, literalmente, puse mis manos sobre mis oídos cuando salían los anuncios políticos, porque no quería oír esos apodos y los ataques personales viciosos a los candidatos.

Estos estuvieron presentes durante las elecciones nacionales y estatales, anuncios demócratas y republicanos. Mi preocupación principal, por la incivilidad expresada por tantos candidatos, es el efecto perjudicial que tendría en nuestros niños y jóvenes, en al menos dos maneras.

Primero, los niños y jóvenes adultos, que oyen estas palabras y ven este tipo de comportamiento, pueden pensar que todo esto es aceptable, cuando claramente no lo es.

Los ataques negativos son una afrenta a los valores y las enseñanzas de Jesús. En segundo lugar, me pregunto, cuántos niños y jóvenes, que han escuchado estos gritos, serán repetidos por ellos en un futuro potencial en cargos públicos.

Servir al público como un funcionario electo es una alta vocación, pero este tipo de atmósfera tóxica, sin duda, tendrá el efecto de hacer buenos y honestos candidatos, con mucho que ofrecer, cautelosos al lanzarse a puestos públicos o completamente desactivarlos de esa posibilidad. Eso es simplemente incorrecto.

Usted tocó un punto sobre la gente “ examinando” qué está sucediendo alrededor de ellos. ¿Puedes explicar eso?
A menudo se dice, que la vida no examinada, no vale la pena vivirla. La ocupación de nuestras vidas cotidianas, se interpone en el camino de nuestra verdadera reflexión sobre quiénes somos y el significado de la vida. Los candidatos, en estas elecciones, han hecho tanto para insultarse y menospreciarse los unos a otros.

Hemos visto la venganza, malos apodos, la ira, la hostilidad y las palabras de odio – palabras que estaban destinadas a lastimar, por lo cual se utilizaron. Muchas veces, hoy la gente no se vale de sus propios dones, sino de las debilidades de los demás. He pensado para mí mismo: ¿Es esta la forma americana? Espero que no, pero, francamente, no estoy seguro de que esta no se haya convertido en la forma americana.

Es algo que todos debemos avergonzarnos como estadounidenses. ¿Es el camino de Jesús? Obviamente, no. Lo que esta atmósfera hace, es alimentar nuestra ira y desesperación. Nos hace preguntarnos, si alguien tiene integridad.

La pregunta más grande es qué sucede con nuestros niños. No hay manera de mantenerlos alejados de esto. No es sólo lo que se enseña, sino lo que se “atrapa”. Desafortunadamente, creo que lo que se les ha enseñado, es que todo lo que piensas no tiene que ser filtrado – solo tienes que decirlo. Hemos sugerido, que cuanto más odioso eres hacia otra persona, más poder tienes.

Hemos sugerido, que la ira y la venganza, están bien en el foro público. Las cosas que pudieran haberse dicho a otra persona o a un pequeño grupo en privado, ahora se dice en el foro público.

También sugiere que el acoso, en su peor estado, es aceptable. La hostilidad, le gana al respeto; la división gana sobre la unidad. No estoy tratando de pintar una imagen sombría, pero creo que esto es la realidad. Realmente, necesitamos abordar esto con los dos partidos políticos a nivel nacional, estatal y local.

¿Qué pueden hacer los padres, maestros y administradores de las escuelas Católicas para contrarrestar esta atmósfera?
Tenemos que hablar de esto, y tomar una posición. Tenemos que decirles a nuestros niños y jóvenes, que ciertamente tienen la responsabilidad de respetar a los que han sido elegidos, y a los que están en la autoridad.

Pero hay que añadir, en algunos casos, “¡por favor, no sigan su ejemplo!” He dicho esto a muchos jóvenes y jóvenes adultos recientemente: “¡Por favor, no sigan su ejemplo!”

Ellos han visto y oído, y piensan en eso como si así fuera la forma americana. Ciertamente, no es el camino del Señor Jesús. No podemos callar. No sabemos cuánto nuestros hijos han visto, oído y digerido.

En casa y en la escuela, esto debe ser abordado en la conversación. ¿Qué escuchaste? ¿Qué absorbiste?¿Qué piensas? Algunos serán más reflexivos que otros, dependiendo de la edad y otros factores. Pero, debemos entablar una conversación.

Si nuestros hijos han “absorbido” mucha ira y hostilidad, ¿Cómo contrasta esto con nuestros valores cristianos?

Jesús dijo, como líder: “He venido a servir, y no a ser servido”; “Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios”; “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado”. Del Antiguo Testamento, encontramos: “Haz a los demás, cómo quisieras que te hagan a ti” y, por supuesto, de los Diez Mandamientos,“No dirás falso testimonio contra tu prójimo”.

Me pregunto si aquellos que prepararon estos anuncios políticos y campañas, si alguna vez pensaron en eso. En los Salmos oramos, “Oh Señor, pon un guardia a la puerta de mis labios.”

Me resulta muy difícil, aunque rezo esa oración todos los días. A veces, debido a la atmósfera en la que vivimos es muy fácil decir lo que pensamos, pero debemos orar: “Oh Señor, pon un guardia en la puerta de mis labios.”

Me pregunto qué pensaba Jesús de todo esto. La mejor imagen que puedo imaginar es que lloró amargamente. El reto para mí, y para todos, es formar a nuestros hijos en casa y luego complementarlos con la educación Católica.

Es una oportunidad para que hablemos del elefante en la sala, y para que nuestros jóvenes vean lo que ha ocurrido y reconozcan la contradicción con los valores de Jesús.

Tenemos la obligación moral de enseñarles a no imitar lo que a menudo ven, y lo que han oído, porque ha envenenado a nuestra sociedad. Nuestros hijos merecen algo mejor. Jesús dijo: “Dejen que los niños vengan a mí.” Es nuestra responsabilidad y privilegio, abrazar a nuestros hijos, y darles una dirección real en sus vidas.

Preguntas para el Arzobispo Aymond, se pueden enviar a: clarionherald@clarionherald.org.
 

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